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¿Cómo consigue Cuba una sanidad con índices de un país rico?
La isla cuenta con indicadores que son la envidia de la región, pero su
sistema también tiene numerosas sombras
La Habana 7 FEB 2017 – 23:47 CET

¿Cómo consigue Cuba un sistema sanitario con índices comparables a los
países desarrollados con un presupuesto propio de una región en vías de
desarrollo? El gobierno caribeño siempre se ha vanagloriado de fomentar
y cuidar del servicio básico, gratuito y de carácter universal que
ofrece a su población. Sin embargo, también cuenta con sombras: muchas
infraestructuras deterioradas en continua reparación u obsoletas y un
déficit importante de personal médico que las atienden que viene dado
por diversos motivos: la prioridad otorgada por el estado a las misiones
médicas internacionales o al incesante goteo de especialistas que logran
exiliarse.

Una de las claves para los logros cubanos en materia de salud es que el
gasto en el sector fue en 2015 de un 10,57% del PIB, muy por encima de
países como EE UU, Alemania, Francia o España. También contaba desde
hace cuatro décadas con uno de los sistemas de atención primaria más
proactivos del mundo, pilar fundamental con una infraestructura
sanitaria de 452 policlínicas que, junto a la prioridad también dada a
la insistencia en la prevención de enfermedades, a la cobertura
universal y el acceso a los servicios sanitarios puede llegar a explicar
por qué Cuba está en muchos indicadores al nivel de países mucho más ricos.

La otra cara son las clínicas exclusivas para turistas, gobernantes o
altos mandatarios. El estado reserva los mejores hospitales, equipos y
medicinas para la élite del poder y los extranjeros, mientras que
desatienden la calidad del servicio que se le da al cubano de a pie que
tiene que conseguir toda clase de medicinas en el mercado negro o
pedirlos a sus familiares expatriados.

Y es que según el doctor Julio César Alfonzo, “Cuba tiene sus servicios
médicos divididos en dos: uno está pensado para los cubanos y otro para
los extranjeros, quienes reciben un cuidado de mayor calidad, mientras
que la población nacional tiene que conformarse con instalaciones en
ruinas, falta de medicamentos y equipos y falta de personal
especializado, ya que éste es enviado al extranjero para generar
ingresos para Cuba”.

En 1959, el país contaba con apenas 6.000 médicos, la mitad de los
cuales emigraron tras el triunfo de la Revolución. La crisis sanitaria
que se derivó le planteó al nuevo gobierno la necesidad de formar
profesionales de forma masiva. Medio siglo después en 2014 era el tercer
país del mundo con más médicos por cada 10.000 habitantes con 67,2, solo
superado por Catar y Mónaco. Pero a pesar de esas cifras, la calidad de
esa atención primaria, que había sido durante años la piedra angular de
la salud pública, se ha visto afectada con una reducción en un 62% de la
cantidad médicos de familia, de 34.261 en 2009 a 12.842 en 2014, según
datos de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI).

No en vano, y a pesar de ello, según el informe del Estado Mundial de la
Infancia de Unicef, Cuba ha conseguido en 2015 una tasa de mortalidad
infantil por debajo de cinco por cada 1.000 nacidos, dato que lo sitúa
entre las primeras 40 naciones del mundo. Además, el país caribeño ha
sido pionero en avances médicos muy diversos. Ya en 1985 desarrolló la
primera y única vacuna contra la meningitis B. También ha conseguido
nuevos tratamientos para combatir la hepatitis B, el pie diabético, la
consecución de un tratamiento definitivo para el vitíligo y la
psoriasis, el desarrollo de una vacuna contra el cáncer de pulmón, que
ahora se está probando en los Estados Unidos o ser el primer país del
planeta en eliminar la transmisión materno-infantil de VIH-sida, hecho
validado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), también en 2015,
y que ratifica que el sistema médico cubano está situado a la vanguardia
de América y muy por encima de la media mundial.

Unos indicadores sanitarios elogiados por la directora de la OMS,
Margaret Chan, quien tambien estimó al sistema de salud cubano como
ejemplo a seguir por su sostenibilidad, capacidad y también por el
espíritu solidario para la formación de personal de la salud en otros
países con menos recursos o para actuar en situaciones de emergencia,
como el envío de la Brigada Henry Reeves contra la epidemia del ébola
que brotó en Liberia, Sierra Leona y Guinea en 2014, convirtiéndose en
el mayor proveedor de especialistas sanitarios en desplazar ayuda en la
lucha contra el virus. También asistieron a la población en el terremoto
de Pakistan del 2005 y en Centro América tras el paso de los huracanes
Mitch y George en 1998 o su buque insignia: la llamada Operación Milagro
que desarrollan conjuntamente Cuba y Venezuela desde 2004. Una
iniciativa en la que más de dos millones de personas de 35 países
diferentes han sido operadas gratuitamente de cataratas u otras
enfermedades oculares.

Un “ejército de batas blancas”, según palabras de Fidel Castro, que
comenzó en el año 1960 cuando se desplazó una brigada médica a Chile
después del terremoto que azotó la ciudad de Valdivia dejando miles de
fallecidos. Desde entonces el estado cubano ha enviado en misiones
médicas a más de de 300.000 trabajadores de la salud, como indica la
Agencia Cubana de Noticias, que han brindado su ayuda en unos 158 países
de America Latina, África o Asia. Actualmente Cuba está presente en 67
naciones donde la sanidad pública es deficitaria, con más de 50.000
sanitarios cubanos en diversos contingentes.

Salvador Silva, médico especialista en enfermedades infecciosas, ha
participado en la última década en dos misiones en el extranjero: Haití
y Liberia. “Los médicos cubanos tenemos un sentido muy arraigado de la
solidaridad y el Juramento Hipocrático. No se concibe nuestro trabajo
sin el apoyo a las misiones en el exterior. Vale que nuestro salario es
bajo y quizás nos empuje a salir fuera, pero también nos aporta un
orgulloso sentimiento al ver nuestra labor reconocida en todo el mundo
además de contribuir a nuestro país”, asegura.

Y es que los médicos son la materia prima más rentable con la que cuenta
el Gobierno de La Habana. La colaboración médica constituye una
lucrativa herramienta diplomática además de un elemento esencial en el
reconocimiento y respeto internacional que se ha ganado Cuba en el mundo
en los últimos 50 años, pero también se ha convertido en una de las
principales fuente de ingresos. En 2014, representó más de 8.200
millones de dólares, una cifra muy superior a la generada por el turismo
internacional.

El envío de brigadas médicas se realiza mediante contratos específicos
con cada país beneficiario. Por ejemplo, en el caso de las misiones
enviadas a Venezuela, gobierno estrechamente vinculado a Cuba, responden
a un intercambio bilateral que incluye el suministro estable de petróleo
a cambio de integrar a más de 35.000 profesionales para colaborar en los
programas de salud del Gobierno venezolano.

Es tan grande el negocio que han dejado a los hospitales y policlínicas
bajo mínimos en personal y ante esa necesidad de preparar más
profesionales el gobierno ha recurrido a la educación de especialistas
emergentes, formando a alumnos en cursos más cortos. “Están graduando
médicos en tiempo récord para suplir la necesidad de exportarlos y esto
ha ido en detrimento de calidad de la formación de los médicos y de la
medicina de Cuba, que solía ser de primera. Eso está ocurriendo desde
que comenzó el programa en Venezuela, entre los años 2003 y 2004”, como
indica el médico cubano exiliado en Miami Julio César Alfonzo, actual
director de Solidaridad Sin Fronteras.

Además los médicos prefieren pasar una media de dos años en misiones
internacionales por motivaciones de orden profesional, humano y también
económico porque los salarios de los cooperantes son muchísimo más altos
que los de los que trabajan dentro de Cuba. Pero al mismo tiempo, deben
entregar al menos el 50% de sus ingresos al estado, que varía en función
de las responsabilidades y las guardias asignadas.

Aún así, el exiguo salario de sus profesionales animó a muchos a sumarse
a los contingentes que trabajan en el extranjero, donde ingresan en
torno a 1.000 dólares mensuales, según los países, contra los
aproximadamente 50 dólares de salario medio que cobran en la isla. Por
ello no es raro encontrar taxistas, tenderos o albañiles con titulación
médica, incluso especializada, que buscan otra alternativa compatible
con el servicio a la salud para mejorar su calidad de vida.

Juan es un conductor de taxi, un Chevrolet de los años cincuenta
comprado a medias con su hermano que maneja a diario de seis de la tarde
hasta entrada la media noche. Pero Juan es también doctor en el hospital
clínico Hermanos Ameijeiras: “El sueldo es una miseria. Nos vemos
obligados a buscarnos la vida por otros medios. Tengo compañeros que
venden recetas a farmacias, que atienden en clínicas ilegales o que
ayudan como tenderos en el puesto familiar del mercado. Es frustrante”,
reconoce, “Parece que así nos empujan a alistarnos para las misiones
internacionales, el verdadero negocio cubano”.

Las misiones médicas han sido, además, una importante vía de escape para
los cubanos que buscan desertar. Antes de que entrara en vigor la
reforma migratoria de enero de 2013, que permite a los cubanos con
pasaporte y visado viajar fuera del país, el camino de huida predilecto
era Venezuela. Sólo en 2013 y 2014 más de 3.000 médicos desertaron a
Estados Unidos aprovechando el programa de visado especial, Cuban
Medical Professional Parole, para la solicitud de asilo de doctores
cubanos implantado en 2006 durante la presidencia de George W. Bush para
asistir a trabajadores de la salud que escapan de misiones
internacionales llegando ha fomentar la fuga de profesionales y también
el descontento social en la isla.

La periodista de la cadena Al Jazeera Lucia Newman, antigua corresponsal
de la CNN en La Habana, señala que los médicos cubanos se quejan de que
ellos no tienen las mismas oportunidades para viajar, asistir a las
conferencias y leer las revistas especializadas, lo que les impide estar
al tanto de los últimos avances de la medicina como hacen sus colegas en
otros países, y por eso sienten que se están quedando rezagados. Y es
que el embargo comercial impuesto por Estados Unidos en 1960 incluye el
material bibliográfico y de información científico técnica sobre
ciencias médicas. Igualmente dificulta la participación de profesionales
cubanos en cursos, conferencias, eventos y otras formas de intercambio y
actualización de conocimientos. Pero el problema viene de la
imposibilidad de adquirir en los mercados estadounidenses reactivos,
piezas de repuesto para equipos de diagnóstico y tratamiento,
instrumental médico y todo tipo de medicinas de procedencia
estadounidense, incluyendo a empresas subsidiarias establecidas en
terceros países, que les está prohibido al sector cubano de la salud.

Para Odalys, una joven paciente que espera su ingreso en la entrada del
Hospital Salvador Allende, “la situación se hace insostenible en este
país, ya no es la falta de especialistas, es que tenemos que traernos
todo, acabo de salir a comprar un bombillo para tener luz en la
habitación. He llamado a mi casa para que me traigan también ropa de
cama, toallas, incluso papel sanitario. No hay camilleros y he visto una
familia transportar a su hijo enfermo hasta la habitación. Sanidad
gratuita y universal, si, pero la tienen descuidada y es muy informal”,
se queja.

Source: ¿Cómo consigue Cuba una sanidad con índices de un país rico? |
Planeta Futuro | EL PAÍS –
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