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En defensa de nuestros médicos
ELIÉCER ÁVILA, La Habana | Abril 23, 2015

Anoche mientras veía las imágenes del recibimiento a los médicos que
participaron en la lucha contra el ébola en África, me sentí muy
emocionado. Considero que cada hombre o mujer que en el mundo decide
correr estos riesgos por salvar vidas de seres humanos desconocidos a
miles de kilómetros de distancia merece todo el respeto y la admiración.
En mi propia familia hay ejemplos en este sentido.

Se equivocan totalmente los que piensan que por el hecho de tener ideas
políticas distintas, por querer Internet para todos, salarios reales y
libertades fundamentales, la oposición tiene que estar en contra de la
solidaridad o no reconocer la valentía y el heroísmo de nuestros
galenos. Nada más alejado de la verdad.

Por el contrario, si pudiéramos asistir a un parlamento democrático,
muchos lucharíamos todo el tiempo a favor de mejores condiciones de vida
y de trabajo para ellos. Considero que de la misma forma en la que es
legítimo el ejercicio de compartir recursos materiales y humanos con los
más necesitados, también es legítimo librar un debate serio en nuestro
país sobre los salarios, la seguridad y el papel del Estado en general
respecto a nuestros cooperantes. Muchos de ellos nos han escrito varias
cartas contándonos sus experiencias, con sus luces y sombras.

Por otro lado, persiste el problema fundamental sobre los ingresos de
los profesionales cubanos dentro el país. Y esto es extensivo a todos
los sectores y atenta directamente contra lo que debiera ser el objetivo
primordial, que es la adecuada atención a nuestra propia gente.

Tanto derecho tiene a progresar en la vida el médico que atiende a las
familias de la montaña en la Sierra Maestra, como el que opera en un
salón del Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular en el Vedado
capitalino o el que ejerce su labor fuera del país. Todos se sacrifican
de igual forma y el costo de ese sacrificio es extensivo a sus familias,
cuyos daños a todos los niveles están por estudiar, publicar y discutir.

Conozco a especialistas clínicos y cirujanos que no tienen ni una
bicicleta para llegar al trabajo y hacen guardias interminables con
meriendas que a veces no pasan de una bola de plátano burro y un vaso de
agua de azúcar. También conozco a muchachos que pasaron un curso de un
mes de optometría, salieron de misión y a su regreso ya pueden darle
botella a su profesor en su propio carro. Y lo que está mal, no es lo
segundo, sino lo primero.

En todo caso, no pretendo abordar en su totalidad este tema en un solo
artículo. Así que retomo la idea original, que no es más que felicitar
de todo corazón a los médicos, enfermeros y personal de apoyo que
llegaron ayer. Quiero reiterarles que en nosotros tendrán siempre un
aliado. La lucha por la democracia es también una lucha por la vida, por
la paz y por la felicidad material y espiritual de los pueblos, sin la
cual no puede haber salud posible.

Source: En defensa de nuestros médicos –
http://www.14ymedio.com/opinion/defensa-medicos_0_1766223368.html

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