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Traemos a nuestra gente a casa
En la situación en que se encuentra la Casa Blanca, no existe legado más
simple para Obama que fumar, cual jefe indio, la pipa de la paz con los
cubanos residentes en la Isla, afirma el autor de este artículo
Luis Carlos Battista, Miami | 11/12/2014 12:16 pm

“Traemos a nuestra gente a casa”, dijo la exsecretaria de Estado,
Hillary Clinton, en una entrevista con Diane Sawyer de ABC sobre la
decisión del presidente Barack Obama de intercambiar cinco prisioneros
talibanes detenidos en Guantánamo por el soldado estadounidense Bowe
Bergdahl. Cuando la entrevistadora le preguntó si ella opinaba que el
Presidente estuviese haciendo un pacto con el diablo, Clinton respondió:
“Creo que fue una decisión muy difícil, y por eso creo que mi libro[1]
tiene un título tan apropiado. Si nos fijamos en los factores que se
tuvieron en cuenta para tal decisión, por supuesto, existen intereses y
valores contrapuestos”, dijo Clinton a Sawyer, “Y uno de nuestros
valores es traer a todos a casa del campo de batalla lo mejor que
podamos. No importa la forma en que terminaron en la situación de
prisionero de guerra”. Sawyer preguntó a Clinton: “¿Eso no importa?”.
“No importa”, Clinton respondió, “Traemos a nuestra gente a casa”.
Recientemente se cumplió el quinto aniversario del encarcelamiento de
Alan Gross en La Habana. A pesar que no es un soldado norteamericano, ni
un prisionero de guerra, fue condenado por introducir, mediante encargo
del gobierno de Estados Unidos, elementos necesarios para establecer una
red clandestina de acceso a Internet que pudiese operar sin la
supervisión de las autoridades de la Isla. Algo penado por las leyes
cubanas. La situación del subcontratista de la USAID ha sido un escollo
más para aquellos que buscan la normalización de las relaciones entre
Estados Unidos y Cuba; y el pretexto perfecto para los que intentan
torpedear el proceso de acercamiento y mantener el antagonismo político
entre ambas orillas.
El caso de Gross, hay que aceptar, se ha convertido en una bomba de
relojería si ambos gobiernos no colaboran juntos en lograr un acuerdo
que permita su pronta liberación por razones humanitarias. Pero también
la de los tres agentes antiterroristas cubanos que permanecen
prisioneros en cárceles de Estados Unidos.
Los factores que inciden sobre el detonador de la bomba son, entre
otros, el agravamiento de la salud del señor Gross, sumado a su negativa
a recibir visitas de funcionarios de la Sección de Intereses de Estados
Unidos en La Habana, así como su rechazo a los esfuerzos del personal
médico cubano por mantener su estado de salud. Además, en varias
ocasiones ha dejado abierta la posibilidad de realizar una huelga de
hambre. Ello podría hacer peligrar lo que muchos ansían: el inicio de un
proceso de acercamiento.
El general/presidente Raúl Castro (a quien también se pudiese atribuir
la frase pronunciada por Hillary Clinton) ha declarado públicamente su
voluntad de negociar con el presidente Obama sobre cualquier tema,
incluyendo un intercambio, por razones humanitarias, de los prisioneros
implicados. Algo que no ocurriría por primera vez. Un posible acuerdo
sobre los prisioneros sería un ganar-ganar para ambas partes, y al mismo
tiempo un experimento sobre la forma a tratar todos los desacuerdos
importantes en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba.
Recientemente una fuente en la Casa Blanca reveló a ABC que el Consejo
de Seguridad Nacional de Estados Unidos y el presidente Obama están
conscientes de la situación de Gross y están trabajando en una solución.
Para el gobierno cubano, tal solución tendría que incluir también los
tres antiterroristas cubanos encarcelados en suelo norteamericano.
No existe momento más ideal que este para lograr un acuerdo. El
presidente Obama en los últimos dos años de su presidencia puede
prescindir de negociaciones con los representantes del lobby cubano. Por
otra parte, se encuentra desesperado por una victoria en la arena
internacional que pueda dejar como legado al pueblo norteamericano y que
levante su imagen ante los votantes estadounidenses. En el Medio
Oriente, los sucesivos errores cometidos por la actual administración en
Iraq han permitido que se esparza el terror en la región con el
consecuente asesinato de varios rehenes estadounidenses, transmitido en
todo el mundo por la estrategia mediática de los terroristas. Este
sábado se dio a conocer la noticia del asesinato de un ciudadano
estadounidense captivo por una organización terrorista durante la
operación de rescate por el ejército estadounidense. Tal guerra contra
elementos extremistas en el Medio Oriente muy probablemente durará
varios años, si no décadas. En Europa del Este, las políticas de
aislamiento contra Vladimir Putin han desenfrenado el nacionalismo ruso,
en lo que muchos alegan podría llegar a ser el reinicio de la Guerra
Fría. Según la revista norteamericana Forbes, sus lectores han votado
por segundo año consecutivo al presidente ruso por encima de su propio
presidente para llevar la corona en la lista de los líderes mundiales
más influyentes.
En la situación en que se encuentra la Casa Blanca, no existe legado más
simple para el presidente Obama que fumar, cual jefe indio, la pipa de
la paz con los cubanos residentes en la Isla. El tema Cuba probablemente
resuene en los pasillos de la Casa como un pitillo en los oídos. Los
recientes editoriales de The New York Times, sumado a la reciente visita
del miembro de su Comité Editorial, Ernesto Londoño, a Cuba no han
pasado por alto a la opinión pública norteamericana. Se le adiciona la
extraordinaria ayuda de la misión médica cubana contra el ébola en
África, que ha puesto públicamente a personal cubano y norteamericano a
trabajar juntos bajo un mismo techo y con un mismo objetivo, algo que
hacía mucho tiempo no se veía. El papel de los médicos cubanos ha sido
reconocido públicamente por líderes de varios países y organizaciones.
El propio secretario de Estado John Kerry ha puesto como ejemplo la
contribución de Cuba en la lucha contra el ébola.
Sin embargo, ello sería puesto en peligro por un eventual deceso en Cuba
del señor Gross. Sería un obstáculo irreparable que se equiparía a los
sucesos del 24 de febrero de 1996, lo cual condujo a la administración
Clinton a ceder ante los reclamos de aquellos elementos
anti-normalización y la eventual aprobación de la ley Helms-Burton. Ello
sin duda será explotado por estos elementos ante la opinión pública
internacional, lo que podría opacar incluso el trabajo desplegado por
los médicos cubanos alrededor del mundo.
El intercambio de prisioneros debe contar con una actitud proactiva
entre ambos gobiernos. Un gesto de liberación humanitaria por alguna de
las partes, será visto sin dudas como constructivo y de buen grado en la
otra orilla que permitirá romper el hielo. El gobierno que tenga la
valentía de tomar el primer paso en pos de una liberación humanitaria,
tendrá valor moral para exigir reciprocidad y correspondencia.
En abril próximo se celebrará la VII Cumbre de las Américas en Panamá.
El país anfitrión ha cursado ya las invitaciones a Barack Obama y Raúl
Castro. Todo parece indicar que ambos mandatarios se verán las caras en
el istmo. Para Raúl Castro asistir por primera vez a este tipo de Cumbre
será una victoria de la política exterior cubana en la región con 20
años de retraso (desde la primera Cumbre en 1994) y una oportunidad de
legitimar sus intereses nacionales. Además será visto como una muestra
del presidente cubano de dialogar con cualquier miembro de la OEA,
respetando diferencias ideológicas.
La pasada semana, la portavoz adjunta del Departamento de Estado afirmó
que la Cumbre tendrá credibilidad aún con la presencia del mandatario
cubano, algo a lo que Washington en primera instancia se oponía. Por
otro lado, el portavoz de la Casa Blanca ha recordado que el presidente
Obama ha asistido a las dos cumbres anteriores. Lo cual parece confirmar
sutilmente que la delegación norteamericana estará conformada al más
alto nivel.
Una ausencia de Barack Obama redundará en descrédito de la política
exterior estadounidense en la región. Debemos tener en cuenta que la
mayor minoría étnica en Estados Unidos es latina. En recientes semanas
el propio Obama ha declarado por orden ejecutiva un indulto a más de
cinco millones de indocumentados latinos que cumplan con ciertos
requisitos. Además América Latina es una región que ha demandado en los
últimos años más atención por parte de la actual administración en
términos de cooperación.
Por ello en abril, probablemente no haya cadena de noticias ausente al
primer encuentro de ambos mandatarios en una mesa de trabajo conjunta.
Los expectantes nos quedaremos ansiosos como pueda producirse el
encuentro tras el apretón de manos en Sudáfrica y el famoso “Mister
President, I am Castro” (Señor Presidente, yo soy Castro), que dio la
vuelta al mundo en cadenas de noticias de todas las nacionalidades.
Sin embargo, para que tal encuentro sea productivo en algún sentido y
ambos mandatarios acudan sin presiones latentes, es necesario saldar
antes la liberación de los prisioneros tan preciados en sus respectivos
países.
Poner fin a 55 años de desavenencias, logrando un proceso de
acercamiento en las relaciones bilaterales, siendo tolerantes
ideológicamente y respetando la soberanía de uno y otro Estado, será sin
dudas un legado que ambos mandatarios podrán exhibir para beneplácito de
la Comunidad Internacional y de no pocos ciudadanos de ambos países.

[1] La entrevistada se refiere su más reciente libro Decisiones
Difíciles, que comprende una autobiografía durante los años como
Secretaria de Estado de los Estados Unidos.

Source: Traemos a nuestra gente a casa – Artículos – Opinión – Cuba
Encuentro –
http://www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/traemos-a-nuestra-gente-a-casa-321180

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