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NICOLÁS PÉREZ: ¿Por qué causa perdimos güiro, calabaza y miel?
11/18/2014 2:00 PM 11/18/2014 7:00 PM

En los años 70 el fallecido actor Armando Roblán, en una genial y
burlona imitación de Fidel Castro, estrenó una obra de teatro en Miami
titulada: En los setenta Fidel revienta, pero no reventó. Por lo que
veinte años después, volvió a repetir el mismo tema con ligeros cambios
en el libreto actualizando las injusticias del castrismo con el nombre
de: En los 90 Fidel revienta. Un enorme éxito. Pero Fidel con pésima
salud, saliendo de la cámara hiperbárica de vez en cuando para
retratarse con líderes extranjeros y cuidándose más que un gallo fino,
ha seguido tan campante sin sufrir un arañazo.

No sé qué nos pasa, pero temo que estamos haciendo algo mal porque es
preocupante que sigamos aquí hace casi 56 años después, y con el mundo
en contra. Acabo de leer un artículo en El País de España de Manuel
Rivas en el cual aplaude la compasión del castrismo después del
terremoto en Haití. Y siguió aplaudiendo como enloquecido el envío de
ayuda del castrismo contra el ébola en África. Y me pregunto, ¿cómo
aplaudir la doble moral de un desgobierno a mil millas de la candela,
por pinceladas a causas hermosas en el exterior por motivos oportunistas
y políticos, mientras que en el interior reprimen a infelices e
inofensivas mujeres como las Damas de Blanco? ¿Es honesto no equilibrar
el tema denunciando la falta de libertad en una dictadura brutal que
reprime a su disidencia, la encarcela o la asesina como hicieron con
Oswaldo Payá? ¿De qué lugar de la historia está el periodista Manuel Rivas?

A esta menudencia se suman dos editoriales y dos artículos de opinión
del New York Times, el periódico más importante e influyente de los
Estados Unidos, pidiendo el levantamiento incondicional del embargo.

Y le preguntaría al Times con ingenuidad y respeto, pero con mucha mala
leche, ¿si Washington levantara el embargo a La Habana en estos
instantes, qué concesión haría el castrismo a cambio?

Absolutamente ninguna.

Desde Ronald Reagan a la fecha han existido conversaciones secretas
entre la isla y los Estados Unidos, inofensivas y sin una gota de
resultados tangibles.

Los Castro no solo no quieren que cese el enfrentamiento con Washington
sino que lo necesitan, porque no hay nada más socorrido y que conmueva
más a una estúpida opinión pública mundial que el papel de víctima.

Mientras tanto, ni Obama, ni Hillary, ni ningún próximo candidato
republicano podrían hacer nada hoy para arreglar sus desencuentros con
los Castro.

Según “expertos” ya Raúl está preparando una transición con cuatro
nombres con poder en Cuba, fundamentalmente militares, para iniciar una
posible transición cuando desaparezcan los padres de la criatura. Pura
paja. Una vez desaparecidos los hermanos, todas las opciones están
abiertas y al comunismo no lo salva ni el médico chino. Ese será el
momento, ni un minuto antes, de utilizar el fin del embargo como pieza
de negociación.

Entiendo que los Estados Unidos no desean que la desaparición del
castrismo provoque una guerra civil en Cuba, más por prudencia que por
decencia, porque corren el peligro de involucrarse en esta hecatombe.

¿Qué opino deben hacer Obama y los próximos presidentes norteamericanos
con el castrismo? No mover un dedo, ni soñar, porque sería una burla al
sistema de justicia norteamericano, cambiar a los tres espías por Alan
Gross, un llorón que acaba de demandar a Washington por sesenta millones
de dólares porque no le alertaron del peligro que corría. Gross es un
perfecto hipócrita; a menos que fuera ciudadano de Marte, sabía de
memoria que iba a Cuba, no a Suiza, a entregarle a la comunidad judía
teléfonos para romper el bloqueo de información castrista a su pueblo,
que es algo vital y sagrado para la dictadura.

Finalmente, hasta en Turquía saben que solo hay dos formas de expulsar a
los Castro, mediante la resistencia pacífica desde el interior, porque
la violenta es un suicidio, o la lucha armada desde el exilio, y en eso
el gobierno norteamericano nos tiene atados de pies y manos. El último
hombre que lo intentó fue Santiaguito Álvarez, mi amigo, con quien
inicié la lucha en Miami en los años 60, y a quien llamo con orgullo “el
último guerrero”, más vigilado por el FBI que una monja casquivana y
libertina por el obispo de su diócesis.

Si Santiaguito mueve un dedo para lograr la libertad de Cuba,
Washington, incluso ayudado por Seguridad del Estado, lo crucifica sin
una gota de escrúpulos.

Así están las cosas y aunque nos duela, solo nos queda esperar por
tiempos mejores. No podemos quejarnos: perdimos güiro, calabaza y miel,
con las excepciones que confirman la regla, en el instante en que
colocamos la lucha por la libertad de Cuba en manos de los Estados Unidos.

Source: NICOLÁS PÉREZ: ¿Por qué causa perdimos güiro, calabaza y miel? |
El Nuevo Herald –
http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/opin-col-blogs/opinion-sobre-cuba/article3997150.html

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