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La máscara que esconde a la tiranía
[03-11-2014 10:30:42]
Lcdo. Sergio Ramos

(www.miscelaneasdecuba.net).- La dictadura necesita escapar del impacto
que significa el deterioro imparable de la economía venezolana, su
principal fuente de subsidio. Razón por la cual ha puesto en marcha una
ofensiva diplomática y propagandística orientada a buscar nuevas
alternativas con que financiar la sustentabilidad en el poder del
régimen castrista.
Con Rusia, negoció concederles prebendas y privilegios para que le
condonaran multibillonaria deuda externa y con China hizo otro tanto,
mientras que Brasil le construye un mega-puerto “El Mariel” con vistas a
la atracción de inversionistas para crear una zona franca industrial.

Empero, el ariete de esta ofensiva es la proyección de un supuesto
cambio de imagen a nivel internacional a través efectos
propagandísticos, entre los que se destacan el permitir la
liberalización del cuenta-propismo para aparentar una apertura
económica. Liberalizar la salida y entrada de artistas radicados en
Cuba, que conjuntamente con la eliminación del permiso de salida, le
permite recibir cuantiosas divisas y proyectar una imagen de mayor
permisividad. También, como parte de este simulado cambio, ha autorizado
la salida de destacados opositores, que si bien le representa un riesgo
a su control, le da a la opinión pública internacional una falsa
sensación de que las cosas están cambiando políticamente dentro del régimen.

Como parte del juego efectos especiales, y muy probablemente movido por
sectores con intereses económicos y políticos, han movido al importante
rotativo ‘The New York Times’ a publicar un editorial pidiendo el
levantamiento del embargo, uno de los objetivos de esta campaña, y con
lo cual, les abriría importantes fuentes de financiamiento e inversiones
internacionales, que permitirían la sobrevivencia económica de la
dictadura y la posibilidad de garantizar la sucesión de los herederos de
la dinastía Castro.

El artículo que tuvo una réplica brillante por otro editorial en
oposición publicado por prestigioso periódico ‘The Washington Post’.

Como parte de la mascarada, la dictadura ha dado un golpe
propagandístico internacional, enviando más de 200 médicos a combatir la
epidemia de ébola en África. Conociendo los precedentes del régimen,
dudamos de la voluntariedad de los galenos en prestar tal servicio a
costa de perder sus vidas por contagio.

Es harto sabido que la dictadura vende a otros países el trabajo humano
de los profesionales cubanos como fuente para obtener jugosas ganancias
en divisas, al tiempo que los médicos perciben un mísero estipendio por
su trabajo profesional, lo que constituye una modalidad de esclavitud
del hombre por el estado.

Pero tal golpe psicológico-propagandístico ha tenido el efecto de cegar,
como reflector en los ojos, a políticos, comunicadores y a porciones de
opinión pública internacional, en cuanto a la inhumana crueldad que
esconde la tiranía castrista.

Movidos por esos cantos de sirena, la Unión Europea inicia recién una
ronda de conversaciones con el régimen y sectores influyentes de la
política norteamericana demandan públicamente el fin del embargo.

Tras esa máscara embaucadora de incautos y reclutadora de ambiciosos
políticos e inescrupulosos inversionistas, se esconde el verdadero y
horripilante rostro de una cruel tiranía.

Resulta que en el pasado mes de octubre, la oposición pacífica cubana
fue víctima de más de 909 detenciones arbitrarias. Además, continúan
impunes los atroces asesinatos de muchos cubanos, entre los que se
destacan el de Osvaldo Paya y Harold Cerero, el de Orlando Zapata y
William Soto, entre muchos otros.

La dictadura tampoco se ha despojado de su carácter militarista. El
régimen lo preside un general alterna su charretera con el disfraz de
civil, sobre cuyos hombros pesan asesinatos y genocidios. La cúpula
gobernante de Cuba, la compone un viejo y enquistado generalato; y son
las fuerzas armadas las que controlan las principales empresas
nacionales para beneficio y lucro de sus altos mandos, a costa de la
explotación de los empobrecidos trabajadores.

Simultáneamente, prevalece una siniestra policía política que
consistentemente y como parte de una política de estado, viola
flagrantemente los derechos humanos de pueblo, aterroriza a los
ciudadanos y cuenta con centros de torturas esparcidos a lo largo y
ancho de la isla, así como inhumanas prisiones donde se encarcela
injustamente a los opositores.

El país se rige por un compendio de leyes que solo se aplican en tanto y
en cuanto convenga a la cúpula en el poder, enmascarando con un falso
estado de derecho, lo que en la realidad es un estado de capricho del
gobernante.

Podríamos consumir cientos de cuartillas describiendo las atrocidades de
la tiranía, pero bástese un botón para muestra de su macabro rostro
escondido en una máscara de bondad.

Exhortamos a todos a mirar detrás del antifaz del castrismo, pues sería
más que un error, un crimen, premiar una tiranía afianzándola en el
poder, a costa de la opresión de un pueblo.

Source: La máscara que esconde a la tiranía – Misceláneas de Cuba –
http://www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/54574b423a682e0ac4c73b13#.VFeQYPnF9HE

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