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Ébola, embargo y editoriales
En los recientes esfuerzos contra el embargo, The New York Times ha
visto una oportunidad para mantener una presencia importante para el
público liberal y de izquierda
Roberto Madrigal, Cincinati | 24/10/2014 5:19 pm

Primero fue el editorial pidiendo el fin del embargo, en el cual con una
afectada pretensión de objetividad, se reunían unas cuantas verdades y
otras medias verdades a modo de poner una de cal y una de arena. Lo
erróneo no fue lo que se dijo, sino los vínculos que se establecieron
entre los postulados y la conclusión traída por los pelos.
Pocos días después, para volver a tropezar con la misma piedra, sale el
editorial sobre la presencia médica cubana en África para combatir el
ébola, en el cual, para rematar, relacionaban la necesidad del fin del
embargo con la ayuda de los médicos cubanos.
No es la primera vez que The New York Times se pronuncia
disparatadamente con respecto a Cuba, ni la primera vez que los médicos
cubanos son enviados en brigadas de ayuda médica a países del Tercer
Mundo. Castro siempre ha utilizado la buena voluntad como moneda de
cambio y de chantaje. Esto tampoco le resta importancia a este diario,
probablemente el más leído y respetado en el mundo entero, con una
reputación de periodismo agudo y cuestionador que se ha ganado,
merecidamente, tras 163 años de publicación continua.
No me interesa disputar lo que se alega en los editoriales citados tanto
como preguntarme las razones por las cuales lo hacen ahora. Cuál puede
ser la oportunidad que se le ofreció al periódico y el pensado beneficio
que obtendrá al publicar esa opinión en este preciso momento.
La prensa americana, plana y televisiva, siempre se ha vanagloriado de
su objetividad, aunque este es un concepto a veces relativo y con
fronteras que a cada rato se desplazan en diferentes sentidos. A
diferencia de Europa, en donde muchos periódicos siempre han respondido
a una línea partidista o a una bien definida línea política, en donde
los lectores, siempre avisados, escogen sus medios de información según
sus preferencias políticas e ideológicas, en los Estados Unidos ha
existido muy poca diferencia entre la mayoría de los periódicos de peso
nacional. Los matices se movían dentro de un espectro limitado.
Desde que apareció la prensa virtual, la blogosfera y la posibilidad de
obtener información variada e inmediata a través de la internet, los
diarios impresos (y los noticieros televisivos), para subsistir a la
continuada pérdida de lectores que ha obligado a reducir presupuestos,
cancelar servicios y cesantear periodistas, se han volcado a la opinión
y al reforzamiento de la política editorial como atracción principal a
sus lectores y a sus audiencias. Se han transformado un poco al viejo
estilo europeo y ahora se han definido ideológicamente.
En la televisión la alineación político-ideológica está bien clara. Fox
representa a la derecha y defiende ciegamente al partido Republicano.
MSNBC es el paladín de la izquierda y defensor a ultranza del partido
Demócrata. No se pretende objetividad, sino una postura política sin
matices. CNN trata de mantener un frágil equilibrio para atraer al
centro y a quienes no tienen una total definición partidaria.
Esto es un poco más pantanoso en la prensa plana, pero a medida que han
perdido relieve nacional periódicos como Chicago Tribune y su ahijado
The Los Angeles Times,The New York Times ha ascendido casi en solitario
a acaparar el terreno del centro-izquierda y de la muy tímida izquierda
convencional, que es más bien de limosina.
Su creciente radicalización se debe también a la necesidad de mantener
una identidad en oposición a los otros tres diarios más leídos en el
país: USA Today, The Wall Street Journal y The Washington Post. Los dos
primeros hace tiempo que funcionan en la derecha. El último ha dado un
giro tremendo en el último año, desde que pasó a manos de una
corporación creada por Felipe Bezos, el creador, dueño y señor de
Amazon. También ha formado alianzas temporales de colaboración con los
principales diarios europeos de centro-izquierda como The Guardian, El
País, Der Spiegel y Le Monde.
Dada la poca diferencia de principios ideológicos entre el establishment
de izquierda y el de derecha, (más allá de las delirantes acusaciones de
los extremistas de ambos bandos, todos están unidos en tratar de
conservar el status quo), los políticos americanos se definen en base a
poses o gestos que realizan con respecto a causas, hechos significativos
y situaciones emergentes.
En los recientes esfuerzos de algunos grupos de cabildeo contra el
embargo, cuyas voces han alcanzado más resonancia, en las encuestas
realizadas en el sur de la Florida sobre la posición actual de la
comunidad cubana con respecto al embargo y en los recientes cambios de
la Unión Europea con respecto al comercio con Cuba, The New York Times
ha visto una oportunidad para expresar una posición que lo mantenga como
una presencia importante para el público liberal y de izquierda. La
prensa no hace política, se beneficia de ella mediante la influencia que
tenga sobre sus lectores.
Se ha dicho que el responsable de estos editoriales fue el periodista
Ernesto Londoño. No lo sé, aunque sí firmó el comentario a la respuesta
de Fidel Castro al primer editorial. Londoño es colombiano. Vino a
Estados Unidos en 1999 a cursar estudios de periodismo y de asuntos
latinoamericanos a University of Miami, donde fue galardonado por su
labor periodística en el periódico de la universidad. Cubrió noticias
locales para Dallas Morning News y luego pasó a The Washington Post, de
donde se despidió hace dos meses para pasar a la junta editorial de The
New York Times. Tiene gran experiencia reportando desde Kabul, Bagdad y
El Cairo, en donde ha sido ubicado en medio de los conflictos. Sin
embargo, más allá de ser colombiano, de sus estudios universitarios y de
su posible interacción con miembros de la comunidad cubana miamense, su
experiencia con respecto a Cuba se limita a cubrir la prisión de la base
de Guantánamo. Pero como todos los gatos latinoamericanos somos pardos
ante la mirada anochecida de los americanos, pues un colombiano debe
ser, en consecuencia, un experto en Cuba.
Quizá su desconocimiento lo llevó a redactar sus paniaguados argumentos
que le valieron unos pescozones editoriales del mismísimo Fidel Castro.
Quizá por ello también se le olvidó mencionar que es claro que el de
Cuba es el único gobierno que puede decidir enviar centenares de médicos
en una misión internacionalista, porque es el dueño de sus destinos y
los profesionales no tienen alternativas. No se cuestionó como un país
en el cual los pacientes tienen que llevar sábanas limpias y bombillos a
los hospitales, puede decidir en unas horas el envío de médicos a otro
continente.
Más allá que el envío de personal calificado de las fuerzas armadas, los
Estados Unidos y otros países no tienen poder para decidir a dónde van
los médicos. Esto se hace mediante organizaciones no gubernamentales y
la participación voluntaria de los especialistas de la salud. Para que
estos trabajen hombro con hombro junto a los cubanos en una situación de
emergencia no hace falta, ni la ha hecho en el pasado, ningún cambio
político.
De todos modos, Cuba no es más que una oportunidad de alineamiento
ideológico para The New York Times, lo cierto es que Cuba y los cubanos
le importan bien poco al diario y al gobierno americano. Nunca han
abandonado el concepto que expresara en 1946 el entonces embajador
americano en Cuba, Henry Norweb, sobre los cubanos: “…poseen el
encanto superficial de niños listos mimados por la naturaleza y la
geografía, pero bajo esa superficie combinan las peores características
de una desafortunada mezcla e interpenetración de las culturas española
y negra: son vagos, crueles, inconstantes, irresponsables y de una
deshonestidad innata”.
Nada molesta más al hombre y al intelectual condescendiente del primer
mundo que a quienes percibe como indios con levita, calificación que se
dice nos endilgó como pueblo Sara Bernhardt en 1887. Pero de entonces a
estas fechas los cubanos hemos perdido la levita y nos hemos convertido
en objeto de interés folclórico. Resulta irresistible tomar la pose de
defender a esa pequeña islita, enfrentada al gigante que la bloquea,
poblada de andrajosos que enarbolan sus fusiles y levantan sus puños
para defender su patria y su anacrónico sistema de gobierno. No importa
que ya nadie se lo crea. Vestimos bien a los paternalistas.
Este texto también aparece en Diletante sin causa.

Source: Ébola, embargo y editoriales – Artículos – Opinión – Cuba
Encuentro –
http://www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/ebola-embargo-y-editoriales-320671

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